La "Guerra al Terror" que empezó George W Bush en 2001 como respuesta al 11-S, la terminó Barack Obama en 2011 con el asesinato por los Seals de Osama Bin Laden.
Ya mucho antes, el "malo, malísimo" de Donald Rumsfeld daba por concluida la Guerra de Irak tras haber derribado al regimen de Sadan Husein, y no importarle absolutamente nada lo que pudiera suceder en la postguerra.
Y la "Primavera Arabe" que empezó en Túnez en 2011, y quizá antes en Mauritania, terminó en el "Invierno Arabe" de 2013 con el Golpe de Estado en Egipto de Al-Sisi.
Y al cabreo de Vladimir Putin se le puede buscar un origen en la intromisión también en 2011 de Hillary Clinton en la campaña presidencial de Rusia.
Y tras la anexión de Crimea en 2014, y la tìmida reacción de Barack Obama en forma de sanciones, se pueden ver los inicios de los preparativos para la Guerra de Ucrania en las decisiones que desde 2015 viene tomando el Banco de Rusia, y que desde 2013 preside Elvira Nabiullina.
Pero aquí el verdadero temor es China.
Y solo así puede entenderse la impudorosa retirada estadounidense de Afganistán, con los colaboradores afganos agarrandose al tren de aterrizaje de los aviones.
Una imagen que recordaba a la de los helicópteros despegando de la azotea de la embajada en Vietnam en 1975 con gente aferrada a sus patines.
Y, por eso, también, la actitud de cierta distancia de EE.UU. con la Guerra de Ucrania, dando a entender todo el tiempo que sabe lo que ha hecho, está haciendo y se propone hacer Rusia, pero que aún así nada le va hacer implicarse de mâs y dejar de vigilar desde muy cerca a China.
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