Ya asistimos, incrédulos, a la "Revolución de Terciopelo" de Vaclav Havel, al que yo veía entonces con cierta precaución por entender que al final de aquella anterior "Primavera de Praga" se había rendido a los soviéticos.
Y, antes, a la "revolución tranquila" del sindicato "Solidaridad" de Lech Walesa.
Sí, mi amigo Jose Luis también siempre recordaba, por haber sido "protagonistas" sus padres, la revuelta de "Mayo del 68" de "Daniel, el rojo", en que se intentó "buscar la playa debajo de los adoquines".
Y tampoco olvidaba la "Revolución de los Claveles" de aquellos "Capitanes de Abril".
Y, claro, todos nos acordamos de la "Caída del Muro" y de la rebelión de la plaza de Tiananmen en aquel "milagroso" 1989.
Luego vinieron la "Revolución Naranja" de Viktor Yushchenko, la "Revolución de las Rosas" de Mikheil Saakasvili, la "Revolución de los Tulipanes" contra Askar Akaiev en Kirguistán, la "Revolución de los Cedros" tras la muerte de Rafik Hariri en El Líbano, la "Revolución Blanca" contra Aleksander Lukashenko y la "Revolución Azafrán" a favor de Aung San Suu Kyi en Birmania.
Y ahora la "Revolución Verde" de Mir Hosein Musaví, al que, lo siento, al igual que me ocurre con la "Revolución Bolivariana" de Hugo Chávez, también observo con un cierto distanciamiento.
Bueno, sí, y también a la dirigida por Curro Romero y Rafael Gordillo contra Luis de Lopera.

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